Creso midió a los oráculos. Y midió lo que no necesitaba.

El relato de Creso invita a distinguir entre medir una capacidad y medir la que una decisión exige.

Creso midió a los oráculos. Y midió lo que no necesitaba.

Serie: Lo que la historia ya sabía de talento · 1/6 · Evaluación de talento

Lo que sigue es un relato de Herodoto. Conviene decirlo al principio, porque Herodoto escribía un siglo después de los hechos, mezclaba crónica y narración, y ya en la Antigüedad hubo quien dudó de este episodio en concreto: Cicerón, en su tratado sobre la adivinación, sugiere que la profecía a Creso pudo ser una construcción posterior. No sabemos si ocurrió así. Sabemos que un griego del siglo V lo contó así, y que la estructura de lo que cuenta merece una lectura.

Hacia el 550 antes de Cristo, Creso, rey de Lidia y el hombre más rico del mundo conocido, tenía que decidir si atacaba al imperio persa de Ciro, que crecía al otro lado del río Halis. En su mundo, una decisión así se consultaba a los oráculos, y Creso tenía a su alcance los más prestigiosos: Delfos, Dodona, Abas, el santuario de Anfiarao, el de Trofonio, los Bránquidas de Mileto y el lejano Amón, en Libia.

Según Herodoto, antes de preguntarles por la guerra, Creso quiso saber cuál de ellos acertaba.

La prueba

Envió mensajeros a los siete santuarios con una instrucción idéntica: al cumplirse el centésimo día desde su salida de Sardes, todos debían consultar al oráculo con la misma pregunta. No "¿debo atacar a Persia?", sino algo que solo podía responderse con conocimiento real: "¿qué está haciendo el rey Creso en este momento?".

Y ese día Creso hizo lo más improbable que se le ocurrió: coció juntos una tortuga y un cordero en un caldero de bronce tapado con bronce.

Herodoto no recoge lo que respondieron los demás oráculos. Sí recoge la respuesta de la Pitia de Delfos, en hexámetros: que percibía el olor de una tortuga de dura coraza cociéndose junto a carne de cordero, con bronce debajo y bronce encima. Creso dio por bueno a Delfos y, dice Herodoto, también al santuario de Anfiarao. A los demás dejó de consultarlos.

Lo que hay en la estructura

Deja de lado si la Pitia acertó de verdad. Mira lo que Herodoto atribuye a Creso, porque es lo que importa para nosotros.

Tenía que tomar una decisión muy cara. Disponía de varias fuentes de juicio, todas con siglos de reputación. Y en lugar de fiarse de la reputación, diseñó una prueba: la misma para todos, en condiciones comparables, con una respuesta correcta que él conocía de antemano y que no se podía adivinar. Solo después de ver los resultados decidió a quién escuchar.

Eso, con o sin oráculos, es evaluar. Es lo que hacemos con un fármaco, con un puente y con una cuenta de resultados. Y es lo que casi nunca hacemos con las personas.

Cuando una organización decide a quién promover, a quién dar el proyecto grande o a quién contratar, lo que hay sobre la mesa es reputación. El CV es la reputación que la persona cuenta de sí misma. La opinión del jefe es la reputación construida en un contexto concreto. Las referencias son la reputación que otros le han hecho. El mapa de competencias de la intranet es, en el mejor de los casos, una autodeclaración con casillas. Nada de eso es mentira. Es que nada de eso es una prueba. Es lo que Creso tenía antes de enviar a los mensajeros: siete santuarios famosos y ninguna forma de saber cuál acertaba.

La lectura que propongo es esta: si quieres saber si alguien sabe hacer algo, no le preguntes si sabe hacerlo. Ponle delante la capacidad concreta que el puesto exige, en las mismas condiciones que a los demás, con un método que dé el mismo resultado si lo repites. Y hazlo antes de la decisión importante, no después, cuando la evaluación real la hace el día a día y una contratación fallida ya está costando lo que cuesta.

Lo que Creso midió mal

Aquí es donde el relato se vuelve más interesante de lo que parece, y donde creo que la lectura habitual se equivoca.

Con Delfos ya validado, Creso preguntó lo que quería saber: si debía hacer la guerra a Persia. El oráculo respondió que si cruzaba el Halis destruiría un gran imperio. Creso entendió que el imperio era el de Ciro. Cruzó el río, perdió, y el imperio destruido fue el suyo. Herodoto cuenta que, ya prisionero, envió a reprochárselo a Delfos, y la respuesta fue que el dios había dicho la verdad y que el rey no había preguntado cuál de los dos imperios.

La lectura fácil es que Creso midió bien y decidió mal. Yo creo que hay otra, más incómoda y más útil.

Fíjate en qué capacidad puso a prueba Creso: saber lo que estaba pasando en ese momento en un lugar lejano. Y fíjate en qué capacidad necesitaba: orientar una decisión militar sobre el futuro. Son capacidades distintas. Acertar la tortuga no demuestra saber aconsejar una guerra. Creso diseñó una prueba impecable para una capacidad que no era la que su decisión exigía, y luego trasladó la confianza ganada en una a la otra.

Eso pasa en las empresas todos los días. Se comprueba, con más o menos rigor, que alguien es un comercial extraordinario, y se le asciende a jefe de ventas, que es otra capacidad. Se comprueba que alguien domina una tecnología, y se le pone a dirigir un equipo. Se evalúa lo que es fácil de evaluar o lo que la persona ya ha demostrado, y se decide sobre lo que el nuevo puesto va a pedirle, que casi nunca es lo mismo.

Medir es la condición de una buena decisión. Medir lo que la decisión exige es la condición de que medir sirva para algo.

En The Wise Skill construimos eso: una forma de saber qué saben hacer realmente las personas, candidatos y empleados, con la misma prueba y el mismo criterio para todos, por evaluación y no por autopercepción, y frente a las capacidades concretas que exige el puesto sobre el que se va a decidir. La parte de no oír lo que uno quiere oír sigue siendo responsabilidad de quien decide.

Pero la primera pregunta la puedes hacer mañana en la siguiente reunión de talento.

¿Estamos midiendo la tortuga, o estamos midiendo la guerra?

Si quieres verlo con tus propios perfiles, escríbeme por mensaje directo y te cuento cómo lo hacemos.

Próxima entrega: cómo elegía Roma a sus centuriones, según Polibio.

Fuentes. Herodoto, Historias, I, 46-49 (la prueba de los oráculos), I, 53 (la consulta sobre Persia) y I, 91 (la explicación de Delfos tras la derrota). Cicerón, Sobre la adivinación, II, 115-116, expresa dudas sobre la autenticidad de la profecía. El episodio es un relato de Herodoto, no un hecho contrastado por otras fuentes; se usa aquí por su estructura, no como prueba histórica de una evaluación objetiva.

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