La hembra no entrevista al macho: inspecciona el nido
El pájaro tejedor no explica lo que sabe hacer: lo demuestra construyendo. Una mirada a la selección por skills basada en evidencia.
La hembra no entrevista al macho: inspecciona el nido
Serie: Lo que la naturaleza ya sabía de talento · 2/6 · Selección por skills
En las sabanas de África hay un pájaro pequeño, amarillo y negro, que tiene el proceso de selección más honesto que conozco.
El tejedor macho construye un nido. No uno cualquiera: una esfera colgante tejida con tiras de hoja de palma, con la entrada orientada hacia abajo para que las serpientes no puedan entrar, anudada a la punta de una rama fina para que nada pese lo suficiente como para alcanzarla. Tarda días. Aprende a hacerlo a base de nidos fallidos, y los primeros que construye en su vida son claramente peores que los de un adulto experimentado.
Cuando el nido está terminado, el macho se cuelga de la entrada, bate las alas y canta. Y entonces llega la hembra.
La hembra no lo mira a él. Entra en el nido. Lo inspecciona por dentro. Comprueba la densidad del tejido, la solidez del anclaje, la orientación. Si el nido no le convence, se va sin más.
Y aquí viene lo mejor: si al cabo de unos días ninguna hembra ha aceptado el nido, el macho lo destruye. Lo deshace tira a tira y empieza otro desde cero, un poco mejor. Los biólogos que estudiaron a estas aves durante décadas, Nicholas y Elsie Collias, documentaron machos que construían decenas de nidos en una temporada hasta que uno era aceptado.
Lo que evalúa la hembra
Piensa un momento en qué está haciendo la hembra del tejedor.
No pregunta al macho si sabe construir nidos. No mira cuántas temporadas lleva construyendo. No se fía de que otros machos hablen bien de él. No evalúa su canto, que sería lo fácil y lo vistoso.
Evalúa el trabajo. El resultado concreto de la habilidad concreta que va a determinar si sus polluelos sobreviven. Y lo evalúa con el mismo criterio para todos los machos de la colonia: entra, mira, decide.
Es una prueba de trabajo. Es lo que un carpintero hacía hace quinientos años para entrar en el gremio, lo que sigue haciendo un cocinero cuando prueba en una cocina nueva y lo que casi ninguna empresa hace cuando contrata un perfil de oficina.
Cómo seleccionamos nosotros
Cuando una organización abre una vacante, el proceso suele parecerse a esto: se escribe una descripción del puesto, muchas veces heredada de la última vez que se cubrió; se reciben CVs; alguien los filtra leyendo palabras clave; se entrevista a cinco o seis personas; y se decide en función de cómo fueron esas conversaciones.
Cada paso de ese proceso está evaluando algo distinto de lo que importa.
La descripción del puesto describe lo que se pidió hace tres años, no lo que el puesto exige hoy. El CV describe lo que la persona ha hecho, no lo que sabe hacer, y lo describe ella. El filtro por palabras clave premia a quien redacta mejor su CV, no a quien mejor haría el trabajo. Y la entrevista mide, sobre todo, la capacidad de la persona para entrevistarse bien, que es una habilidad real pero rara vez es la que se está contratando.
El resultado es que llegamos a la decisión final con mucha información y muy poca evidencia. Sabemos mucho sobre la trayectoria del candidato y casi nada sobre su distancia real al puesto.
Y luego está la parte de la que nadie habla: mientras el proceso externo avanza, dentro de la organización hay personas que probablemente podrían cubrir esa vacante, pero nadie las ha mirado porque el proceso interno y el externo se evalúan con reglas distintas. Al de dentro se le conoce por su historial. Al de fuera, por su CV. Ninguno de los dos ha construido el nido.
Una regla para todos
El tejedor resuelve esto con una regla simple: el mismo nido, el mismo criterio, para todos los machos de la colonia.
Traducido a selección, la regla sería: define el puesto por lo que exige de verdad hoy, no por la descripción heredada. Las skills, sí, pero también las certificaciones que son obligatorias, los idiomas que son imprescindibles, la experiencia que no se puede sustituir. Ponderadas, porque no todo pesa igual. Y luego mide a todos los candidatos, los de fuera y los de dentro, frente a ese mismo listón.
Cuando haces eso pasan dos cosas. La primera es que el orden de la lista cambia. El candidato con el CV más brillante no siempre es el que más cerca está del puesto. La segunda es que aparece gente de dentro que estaba a una skill de distancia de la vacante, y que sale muchísimo más barata y rápida de incorporar que cualquier búsqueda externa.
Y hay una tercera consecuencia, más silenciosa: la decisión queda explicada. No es "nos pareció el mejor", es "es el que más cerca está de lo que el puesto exige, y aquí está la distancia de cada uno". Eso protege a quien decide, y protege a quien no fue elegido, que al menos sabe por qué.
El nido destruido
Me queda una última lectura del tejedor, y es la que más me gusta.
El macho destruye el nido que no fue aceptado. No lo deja ahí colgado, no lo defiende, no argumenta que estaba bien hecho. Lo deshace y construye otro mejor, porque la evaluación le ha dado una información que él solo no tenía.
En las organizaciones, la selección casi nunca devuelve nada a quien no fue elegido. Se le manda un correo amable y se acaba. Pero si has medido la distancia real al puesto, tienes algo mucho más valioso que un correo: tienes la lista exacta de lo que le faltaba. A un candidato externo, eso es un regalo. A un empleado interno, es un plan de desarrollo.
En The Wise Skill construimos la selección así: el puesto definido por lo que exige de verdad, y todos los candidatos, dentro y fuera, comparados con la misma regla y con la distancia explicada. Pero no hace falta ninguna herramienta para empezar a hacerse la pregunta correcta en la próxima vacante.
¿Estoy mirando al pájaro, o estoy mirando el nido?
Si tienes una vacante abierta ahora mismo y quieres ver cómo cambia la lista cuando mides a todos con la misma regla, escríbeme por mensaje directo.
Próxima entrega: el cangrejo ermitaño, o cómo una sola vacante puede mover a media organización sin salir a buscar fuera.