Roma no confundía audacia con capacidad de mando
La elección de centuriones descrita por Polibio plantea una pregunta previa a la selección: qué exige realmente el puesto.
Roma no confundía audacia con capacidad de mando
Serie: Lo que la historia ya sabía de talento · 2/6 · Selección por skills
Hacia el año 150 antes de Cristo, un griego llamado Polibio vivía en Roma en una situación extraña. Había llegado como rehén político tras la derrota de Macedonia y acabó convertido en amigo íntimo de Escipión Emiliano y en el observador más agudo que tuvo la República. Quería explicar a sus compatriotas por qué aquella ciudad había conquistado el Mediterráneo en dos generaciones, y para explicarlo describió, con precisión de ingeniero, cómo funcionaba la legión.
En el libro sexto de sus Historias hay un pasaje que debería leer cualquier persona que haya tenido que cubrir una vacante.
Polibio explica cómo se elegían los centuriones, los oficiales que mandaban las unidades básicas de la legión. Los tribunos los seleccionaban entre los propios soldados, por mérito. Y luego describe qué buscaban. No querían, escribe, hombres especialmente audaces ni temerarios. Querían hombres con capacidad de mando, de ánimo firme y estable. No buscaban a los que iniciaban el ataque y abrían la batalla, sino a los que, cuando las cosas iban mal y la presión era máxima, aguantaban en su puesto y estaban dispuestos a morir en él.
Conviene no exagerar lo que dice el texto: aguantar en el puesto cuando la línea cede también exige valor, y mucho. Lo que Polibio contrapone no es valentía frente a cobardía. Es la audacia que hace destacar a un soldado frente a la firmeza que hace falta para dirigir a otros. Roma, al menos la Roma que Polibio describe, no confundía las dos cosas.
Lo que el puesto exige de verdad
Fíjate en la operación mental que hay detrás.
Los tribunos tenían delante a miles de soldados. El criterio más visible para ascender a alguien habría sido el que salta a la vista: quién ha sido el primero en saltar el muro, quién tiene más hazañas que contar. Es el equivalente antiguo del CV brillante.
Pero el puesto de centurión no exigía eso. El centurión no estaba para ganar la batalla él solo; estaba para que los hombres de su unidad no se desmoronaran cuando la línea cedía. Y esa capacidad, la de mantener la posición y mantener a los demás en ella, no se ve en el historial de hazañas. A veces es incluso contraria: el hombre que se lanza el primero es a menudo el que no está donde tiene que estar cuando todo se viene abajo.
Polibio no describe una evaluación de competencias como las actuales. Describe algo previo y esencial: distinguir las cualidades que hacen destacar a un soldado de las que se necesitan para dirigir una unidad. Es decir, hacer la pregunta correcta antes de mirar a los candidatos: ¿qué exige este puesto, concretamente, en el momento en que más importa?
Cómo seleccionamos nosotros
Ahora mira cómo se cubre una vacante en la mayoría de las organizaciones.
Se recupera la descripción del puesto, que a menudo es la de la última vez que se cubrió, hace tres años, y que describe un trabajo que ya no es exactamente el que hay que hacer. Se reciben CVs y se filtran buscando las palabras de esa descripción. Se entrevista a cinco o seis personas y se decide, en buena medida, por cómo fueron esas conversaciones y por lo que impresionó del historial.
Es decir: seleccionamos al más audaz. Al que mejor cuenta sus hazañas, al que tiene el logro más visible, al que se entrevista mejor. Y luego nos sorprende que el mejor comercial no sea buen jefe de ventas, que el mejor programador no sea buen líder técnico, que la persona brillante en la entrevista no aguante la presión del puesto.
No es un fallo de las personas. Es que nunca hicimos la pregunta de los tribunos.
Mirar dentro con la misma pregunta
Hay un segundo detalle en Polibio que a veces se pasa por alto: los centuriones se elegían entre los propios soldados. Roma no salía a buscar oficiales fuera de la legión; los sacaba de dentro, de hombres cuyo comportamiento bajo presión los tribunos habían podido ver.
En las organizaciones actuales ocurre casi lo contrario. Cuando se abre una vacante importante, el proceso externo y el interno se juzgan con criterios distintos. Al de fuera, por su CV y su entrevista; al de dentro, por la opinión que su jefe tiene de él. Ninguna de las dos cosas mide lo que el puesto exige, y como los criterios no son comparables, la decisión acaba siendo una cuestión de quién impresiona más, no de quién está más cerca del puesto.
La propuesta que hago es tomar la pregunta de los tribunos y darle método. Primero, definir el puesto por lo que exige hoy: las capacidades concretas, sí, pero también las certificaciones obligatorias, los idiomas imprescindibles, la experiencia que no se puede sustituir, ponderado, porque no todo pesa igual. Después, medir a todos los candidatos, los de fuera y los de dentro, frente a ese mismo listón. Y elegir al que más cerca está, sabiendo exactamente qué le falta.
Cuando haces eso pasan dos cosas. La lista cambia de orden: el CV más brillante no siempre es el candidato más cercano al puesto. Y aparece gente de dentro que estaba a una capacidad de distancia de la vacante, mucho más barata y rápida de incorporar que cualquier búsqueda externa, y a la que nadie había mirado porque su historial no era el más vistoso.
Lo que Polibio no garantiza
Polibio describe un sistema y las cualidades que ese sistema decía buscar. No demuestra que se aplicara siempre igual, sin favoritismos ni excepciones, y sería ingenuo pensarlo: los tribunos eran humanos y la República acabaría convirtiendo la legión en un instrumento político. Tampoco conviene extender lo que dice de los centuriones de su época a toda la historia militar de Roma.
Pero el principio que describe es correcto, y es el que dos mil años después seguimos sin aplicar de forma sistemática: primero el puesto define el criterio; luego el criterio se aplica a todos los candidatos.
En The Wise Skill construimos la selección así: el puesto definido por lo que exige de verdad, y todos los candidatos, dentro y fuera, comparados con la misma regla y con la distancia explicada, para que la decisión sea "es el que más cerca está, y aquí está por qué" y no "nos pareció el mejor". Pero la pregunta de los tribunos no necesita ninguna herramienta para hacerse en la próxima vacante.
¿Estamos buscando al que abre la batalla, o al que aguanta cuando la línea cede?
Si tienes una vacante abierta ahora mismo y quieres ver cómo cambia la lista cuando mides a todos con la misma regla, escríbeme por mensaje directo.
Próxima entrega: Shang Yang y las nuevas vías de ascenso en Qin.
Fuentes. Polibio, Historias, VI, 24, en especial 24, 8-9, sobre la elección de los centuriones y las cualidades que se buscaban en ellos. Polibio describe la legión de mediados del siglo II a.C.; lo que dice no debe generalizarse a otros periodos de la historia romana.